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Universidad De Morón

Facultad De Derecho, Ciencias  Políticas y Sociales

CARRERA: Abogacía
ASIGNATURA: Instituto De Historia del Derecho Argentino

TITULO:
Controversia por la calle Juan Manuel de Rosas en la Capital Federal

AUTOR:   Dr. Paulo Elie                            

PROFESOR: Dr. Eduardo Ricardo Pérez Calvo

Octubre de 2008

Tabla de Contenidos

Introducción                                                                                                

Capítulo I:
Biografía de Juan Manuel Rosas                                                     

Capítulo II:
La Historia Oficial                                                               

Capítulo III:
La Avenida Brigadier Juan Manuel de Rosas                                 

Capítulo IV:
La Noticia por LA NACION                                                

Capítulo V:
La calle Rosas llegó al Congreso                                         

Capítulo VI:
Rosas no, Encarnación si                                                     

Capítulo VII:
Una estación de Subte                                                                     

Capítulo VIII:
Opinión “Rosas, Constitución y el Mundo”                        

Conclusión                                                                                                   



Introducción
“Rosas como hombre te perdono mis cadenas, pero como argentino las de mi patria no”, escribió José Mármol cuando tenía 20 años y estuvo encarcelado durante los años de gobierno de Juan Manuel de Rosas. Esta frase es mucho más que una anécdota para empezar este informe sobre la controversia que hoy existe sobre la denominación a una calle porteña con el nombre del ex gobernador bonaerense –a cargo de las relaciones internacionales por acuerdo con los demás gobernadores existentes-.
Es importante, a modo de introducción presentar una breve biografía del prócer, personaje, tirano, como al lector le guste denominarlo. Antes hay que aclarar que el presente no será un debate sobre los actos de gobierno de Rosas, ni será una defensa o crítica al mismo. Esta información solo pretende explicar la breve historia del por qué no hay una calle con su nombre.
Durante el desarrollo de nuestro tema, se podrán observar que la disputa entre rosistas y antirosistas aún subsiste. En la actualidad existe una fuerte disputa sobre la intención de bautizar a una estación de subterráneo con el nombre de Rosas.
El tema de nombrar a una nomenclatura local con dicho nombre no es menor, dado que ha sido tema de fuertes debates en la legislatura porteña. En la Cámara de Diputados de la Nación un cruce de correspondencias entre diputados a razón de un proyecto de Ley solicitando se incluya dicho nombre.
También estará la palabra de la Diputada Nacional que auspició el proyecto de Ley, y las correspondencias intercambiadas con otro legislador y al presidente de la Honorable Cámara, en donde la antigua disputa vuelve a resurgir.


Capítulo I – Biografía de Juan Manuel de Rosas


Nació esta discutida figura de nuestra historia el 30 de marzo de 1793, hijo del teniente León Ortiz de Rosas y de Agustina López de Osornio, bautizado bajo el nombre Juan Manuel José Domingo Ortiz de Rozas y López de Osornio. En Buenos Aires natal cursó estudios en el colegio privado que dirigía Francisco Javier de Argerich, demostrando una inteligencia despejada y lúcida. Amante del campo se familiarizó con su vida salvaje y a menudo cruel. La Reconquista de la ciudad de manos inglesas lo encontró, el 13 de agosto de 1806, actuando como soldado del Escuadrón Migueletes de Caballería Ligera, en el que mereció la felicitación de Santiago de Liniers. Tras aquellas históricas jornadas reanudó las tareas rurales en la estancia de su padre (1809). No participó de las convulsiones de Buenos Aires en los días cruciales de 1810, convulsiones que, como alguna vez manifestó, perjudicaron el funcionamiento de sus negocios. Su mentalidad era realista, autoritaria y disciplinada, amante de las leyes y del gobierno, de modo que ello contribuye a explicar su retraimiento en las jornadas emancipadoras y el posterior desarrollo de su acción de gobernante.
El 16 de marzo de 1813 contrajo enlace con Encarnación de Ezcurra y Arguibel, y el 25 de noviembre de 1815 se asoció comercialmente con Juan Nepumuceno Terrero y Luis Dorrego en una compañía destinada a la explotación ganadera, saladero de pescado y exportación de productos varios. Así, la estancia Los Cerrillos, por él fundada, constituyó con el transcurso de los años uno de los establecimientos más importantes de la provincia. En 1818 su prestigio impulsó al Director Pueyrredón, ante el peligro inminente de una invasión española, a solicitar su parecer sobre la conveniencia de evacuar la ciudad porteña, expidiéndose Rosas por la negativa. Fue este el primer indicio del respeto que se estaba labrando el futuro caudillo, que al año siguiente, como si tuviera conciencia de su ascendiente, sugirió la constitución de la Sociedad de Labradores y Hacendados y proyectó la defensa de las pampas, esbozando asimismo un plan de fomento y vigilancia. No hubo tiempo de concretar tan loables iniciativas porque las convulsiones terribles de 1820 lo elevaron a un plano singular, llamándolo a la defensa del orden y la legalidad. Las diversas esferas del país advirtieron entonces que estaban no sólo frente a un hombre de indudable capacidad sino también de energía indomable y gran severidad. Aquellos deplorables sucesos fueron gestando en el pueblo el cansancio por los falsos caudillos de una democracia semibárbara. Este clima peligroso de desprecio y fastidio por las expresiones liberales fue el caldo de cultivo donde germinó la semilla del autoritarismo. La generación cansada de 1810 que salió del colonialismo hispano, poco habituada a la vida, se cansó pronto de la anarquía y prefirió la protección del autoritarismo.
El 8 de junio, siendo comandante del 5º Regimiento de campaña, intervino en la acción dorreguista contra el rebelde Carrera, vencido en San Nicolás. El 12 de agosto atacó la división de López, siendo este primer contacto con el gobernador santafesino de pésimos resultados para éste. En octubre la revuelta del coronel Pagola contra el gobernador Martín Rodríguez obligó a Rosas a repetir su defensa del orden constituido, lo cual le valió el grado de coronel de caballería. El rebelde José Miguel Carrera, en su accidentada e indecorosa campaña, motivó su intervención al atacar salvajemente una población civil, pero el gobierno, incrédulo, atribuyó a los indios las depredaciones, siendo inútiles los esfuerzos de Rosas -hábil y sagaz conocedor de las costumbres indias- por sacarlo del error. Los infortunios que produjo tal actitud empecinada le impusieron a Rosas a abandonar el servicio militar, retirándose de nuevo a sus ocupaciones en el campo. Se asoció entonces, extendiendo la influencia de su acción comercial, con los hermanos Anchorena, Nicolás y Juan José. Al poco tiempo el gobernador Martín Rodríguez lo nombró inspector de campaña, honor que Rosas declinó, resentido todavía. La llegada al poder del general Juan Gregorio de Las Heras le ablandó y en 1826 aceptó, en compañía de Lavalle y del ingeniero Felipe Senillosa, integrar la comisión que debía estudiar la demarcación fronteriza. Luchó entonces contra los bárbaros que asolaban los poblados pero aconsejando al ministerio una política sensata. Por segunda vez no le hicieron caso y los indios saquearon, entre otras estancias, tres propiedades del mismo Rosas que, escandalizado por la irresponsabilidad evidente de las autoridades, rechazó con indignación la idea de integrar la Junta de Hacendados.
Se perfilaba ya en él a un claro opositor a la política unitaria, y ya fuese por esa su posición o porque nunca estuvo conforme con el gobierno en la política de las pampas, cayó detenido por única vez en su vida. El cautiverio fue breve. Intereses heridos de sus relaciones comerciales y amigos bien intencionados del sud, reaccionaron enérgicamente en su favor debiendo Rivadavia disponer su libertad el 1 de diciembre de 1826. E 20 de agosto del año siguiente fue comisionado para firmar la paz con los indios y extender hacia el sud nuestras precarias líneas fronterizas. Trabajando tenazmente logró directa e indirectamente, según los casos, fundar los fuertes Federación -que más tarde daría origen a la actual ciudad de Junín-, Bahía Blanca, 25 de Mayo y Laguna Blanca.
Así estaban sus asuntos al producirse el injusto levantamiento de Lavalle contra el gobernador Dorrego (1 de diciembre de 1828). Consciente quizá en esos graves momentos de la responsabilidad que asumirían ante la historia los personajes enfrentados en aquel trágico tablado, viajó a Santa Fe para convenir con Estanislao López la oposición a Lavalle, que fue vencido, como consecuencia, en el mes de abril. Rosas puso sitio a Buenos Aires.
Lavalle, en uno de sus comunes arrebatos, "el 16 de junio salió a galope largo de la ciudad, acompañado solamente de su ayudante el capitán Estrada y de dos soldados en dirección al campamento enemigo en Cañuelas". Ibarguren narra con sencillez y bellaza este singular episodio, prólogo de la paz: "Llegó cerrada ya la noche al cuartel general de Rosas, cuyos oficiales estupefactos ante la presencia del general enemigo, le manifestaron que su jefe había salido a inspeccionar las fuerzas. Lavalle, fatigado, pidió un mate, recostóse en la cama de su adversario y quedó profundamente dormido. A la madrugada llegó Rosas y ordenó que cuidaran el sueño de su inesperado visitante y le avisaran así que se despertara; en cuanto esto ocurrió, el general Lavalle se dirigió a mí con los brazos abiertos -escribe Rosas a Josefa Gómez relatándole el episodio- y los dos nos abrazamos enternecidos detenidamente y con franqueza". "Tan hermoso suceso habla elocuentemente de la dignidad del pasado argentino. Lavalle, con su valor romántico y casi increíble, y Rosas, con su respeto al jefe enemigo, autentizan un bello rasgo de nobleza. Aquel Rosas, por desgracia, no volvería a repetirse". Mal podemos dejar pasar en silencio este episodio, que alumbra nuestra historia con destellos profundamente humanos.
Convinieron el cese de la hostilidades firmando Rosas y Lavalle dos acuerdos memorables; la Convención del 24 de junio de 1829, conocida como Convención de Cañuelas, y la del 24 de agosto, conocida como Convención de Barracas, significaron, en cuanto pactos internos sin mayores consecuencias jurídicas, hechos políticos de tanta trascendencia como el abandono del poder por parte de Lavalle y el reconocimiento de la creciente autoridad de Rosas. Pero aún no había llegado para éste la hora. Hábil y cauteloso, el caudillo maniobraba en las sombras, presto a imponerse definitivamente. La circunstancia llegó finalmente al cumplirse algo más de tres meses de la vida del gobierno culto y moderado de Viamonte. Rosas no era todavía lo que fue años más tarde. "Se le ha considerado estática, no dinámicamente -escribe Antonio Dellepiane-, como si el hombre de 1830 fuera el mismo de 1850. Es un error. Como todos los humanos, evolucionó con su mentalidad, adquirió experiencia, naturalmente, dentro de cierto límite marcado por las líneas fundamentales de su carácter, de lo ingénito inmodificable en el Rosas de Southampton o en el de 1833".
Sus movimientos para conquistar el poder se concentraron en la situación parlamentaria. Lavalle quedó eliminado porque Rosas, haciéndole la vida imposible, le obligó a emigrar. El héroe romántico y crédulo había confiado demasiado en la honestidad del adversario, brindándole su amistad y haciéndole confidencias sinceras, ingenuas e incluso peligrosas. Después, con el entristecido jefe unitario borrado del panorama, bastábale a Rosas la ficción legal para apuntar su ascensión. Viamonte, que no intuía sus tácticas, como no las advertía prácticamente nadie, intentó un esfuerzo supremo por la total renovación democrática, disponiéndose a llamar a elecciones para integrar la Legislatura. Al advertir Rosas que podían peligrar sus planes -pues corría el riesgo de que los comicios no le dieran los diputados que necesitaba-, convenció al gobernador de que el mejor camino consistía en restaurar la Sala anterior. En realidad, pese a las apariencias, a Viamonte no podía disgustarle el consejo en tanto significaba una continuidad jurídica del régimen dorreguista.
En las sesiones del 5 y 6 de diciembre de 1829 la Sala de Representantes aprobó la ley nombrando nuevo gobernador revestido de facultades extraordinarias, cuyo más tenaz y elocuente defensor fue, naturalmente, Tomás de Anchorena, García Valdez, con patriótica inspiración, pero sin éxito quiso rechazar los poderes extraordinarios. Los demás aliados, movidos por la precipitación, lograron que aquella histórica tarde del 6 de diciembre fuera designado gobernador y capitán general de la provincia el Comandante de Campaña Juan Manuel de Rosas, por treinta y dos sufragios contra uno que obtuvo Viamonte como símbolo solitario del gobierno institucional que cada año se alejaría de nuestra tierra.
Rosas asumió el gobierno contra un mar de dificultades. La derrota de Oncativo, que por curiosa paradoja representaba el triunfo del unitarismo en las provincias, impulsó la integración de la Liga del Interior bajo el mando del ilustre general José María Paz, vencedor de Quiroga, Rosas comprendió el peligro que esta alianza significaba para su gobierno y cuando Paz invitó a los gobernadores de Corrientes y Santa Fe, Ferré y López, a una reunión para debatir la pacificación de las provincias, la torpedeó y prohijó hábilmente el Tratado del Cuadrilátero, que tuvo a López por jefe y ejecutor. El 10 de mayo de 1831 cayó Paz y el 4 de noviembre, en Tucumán, Quiroga vencía a La Madrid. El 7 de mayo de 1832 Rosas devolvía a la Legislatura las facultades extraordinarias presionado por una opinión pública que aún no había aprendido a doblegarse y cuando el 5 de diciembre la Sala de Representantes los reeligió gobernador, el caudillo rechazó por dos veces este honor, molesto porque habían omitido las facultades supremas. Asumió Juan Ramón Balcarce la pesada responsabilidad de dirigir los destinos del país (28 de enero de 1833), permaneciendo Rosas como comandante general de campaña y jefe de la división contra los indios. Divergencias con el gobierno -y una inesperada oposición a su planes por parte de Balcarce- anarquizaron las fuerzas expedicionarias, con lo que el comandante consideró terminada su misión (25 de mayo de 1834), produciéndose mientras tanto la Revolución de los Restauradores, que dirigió Agustín de Pinedo, su testaferro. Desde su retiro de la campaña el caudillo movía los hilos de una vasta y bien calculada conspiración que, no obstante, fracasó por una maniobra magistral de la Legislatura -de pura raíz federal, opuesta al sector caudillesco del rosismo-, que eligió gobernador al general Viamonte. Que esta decisión de la Junta de Representantes constituyó un golpe duro para Rosas, y que el nuevo gobernador no contaba con sus simpatías, lo probaba elocuentemente doña Encarnación, en carta a su esposo del 4 de diciembre de 1833: "No es nuestro enemigo -sentenciaba-, ni jamás podrá serlo; así es que a mí vez sólo hemos ganado en quitar una porción de malvados para poner otros menos malos".
El nuevo gobierno fue implacablemente jaqueado en una acción despiadada y constante que motivó finalmente la dimisión de Viamonte. El 30 de junio de 1834 la Legislatura eligió gobernador a Rosas, pero otra vez sin otorgarle las ansiadas facultades dictatoriales. Rechazó el cargo una y otra vez hasta que, tras el brevísimo gobierno de Maza, los diputados le confirieron (13 de abril de 1835) la suma del poder público sin necesidad de dar cuenta de su uso.
Al mes de ocupar la Fortaleza, Rosas expulsó a centenares de empleados y destituyó a 150 militares, entre jefes y oficiales. El 29 de mayo acusó de rebeldía al coronel José Paulino Rojas, al teniente coronel Miranda y al sargento Gatiza y los hizo fusilar en el Retiro.
En 1838 Francia bloqueó el Río de la Plata, tomando la isla de Martín García en octubre. Cualesquiera hayan sido los motivos del agresor no cabe duda de que Rosas se condujo patrióticamente, salvando el honor nacional. Pero debía desplegar sus energías luchando ahora contra los enemigos de afuera y los adversarios de adentro. En 1839 el complot de Maza acarreó a éste una trágica muerte y el mismo año se produjo la Revolución del Sur, abortada el 7 de noviembre. Lavalle, desde Montevideo, iniciaba sin éxito el avance sobre Buenos Aires.
En octubre de 1840 el tratado de Mackau trajo la ansiada paz con Francia, que resultó efímera. En 1843 Rosas sitió Montevideo y en el mismo año se le levantó en armas Corrientes. A continuación (la alianza de Inglaterra y Francia contra Buenos Aires) le deparó un nuevo y amargo trago. El 20 de noviembre de 1845 Mansilla intentó detener la entrada de la escuadra francobritánica en una acción de características bizarras y brillantes. Cuatro años después, un 24 de noviembre, el tratado de paz con Inglaterra nos devolvió la isla y el 31 de agosto de 1850 se firmó el cese de las hostilidades con Francia. Las potencias europeas se inclinaban ante el señor porteño. "Dos generaciones de argentinos -ha dicho un biógrafo de Rosas- estuvieron prosternados ante este hombre extraordinario, rindiéndole culto idólatra. Y sobre el pueblo que aplaudía y se inclinaba fanatizado, el tirano, olímpico como un dios, entre el humo repugnante del incienso y el trágico de las batallas, siguió la línea inexorable que proclamara ese día en que asumió la dictadura".
Sin embargo a Rosas se le amaba. Así lo reconoció Sarmiento. Hombres pobres cuyo lema era matar y morir... "ellos veneraban al hombre que los tenía condenados a un oficio mortífero, a una abnegación sin premio, sin elevación, sin término..." Y comenta Ibarguren: "Rosas sentido por esos hombres como la encarnación de su patria, de su tierra en la que galopaban con libertad de dueños, del espíritu criollo de la pampa que ellos veían amenazada por la aristocracia pueblera y por la civilización y codicia europeas que los desalojaría de sus pagos. Por eso le defendieron con fanática heroicidad; por eso, veinte años después de la caída del tirano, Cuminghame Graham vio a los últimos gauchos en la frontera de Bahía Blanca, en Tapalqué, o en el Fortín Machado, clavar su facón en el mostrador de la pulpería, echar trago de caña y mirando al gringo de reojo vociferar con rabia: ¡Viva Rosas!".
Pero el tirano cayó finalmente, siendo el único culpable de su derrota pues en vez de aplacar las iras de los gobernadores cometió errores tan graves como prohibir la extracción de oro para las provincias y la salida de pólvora desde Buenos Aires. Urquiza se rebeló el 1 de mayo de 1851 con apoyo del Brasil -muy molesto con Rosas por el prolongado asedio de Montevideo y su constante entrometimiento en los asuntos orientales-, y de fuerzas uruguayas. El encuentro decisivo se produjo en Caseros el 3 de febrero de 1852, debiendo Rosas tras la derrota huir apresuradamente de regreso a la capital. Luego de garabatear una nerviosa nota de despedida para la Sala de Representantes pidió asilo en la Legación inglesa a las cinco de aquella tarde. Esa misma noche se dirigió al puerto en compañía  de Manuelita, el diplomático Roberto Gove y seis marineros ingleses, embarcando en la fragata de guerra "Centaur", capitaneada por el almirante Henderson. El 9 de febrero transbordó al navío "Conflict". de la misma bandera, que zarpó hacia Inglaterra al día siguiente.
Huyó del país sin recursos y el suyo fue un gesto que queremos considerar de nobleza excepcional. Sólo disponía de setecientas cuarenta y dos onzas, doscientos pesos fuertes y veintidós reales. Padre e hija, que comenzaban a experimentar los horrores de la inseguridad y el infortunio del destierro, llegaron el 23 de abril a Inglaterra, alojándose en el Windsor Hotel de Southampton. El gobierno británico, otrora adversario, se portó con hidalguía respondiendo en estos términos a un humilde pedido del exiliado: "Tengo el honor de expresar a V. E. la satisfacción con que el gobierno de Su Majestad ha sabido la feliz llegada de V. E. a este país y de informarle que no tiene necesidad de autorización de la Reina, ni del gobierno de S. M. para alquilar una casa en cualquier parte de las Islas Británicas. Puede V. E. establecerse donde quiera y vivir en perfecta seguridad bajo la protección de las leyes inglesas".
El 23 de octubre Manuelita contrajo enlace con Máximo Terrero, quedando Rosas con una nueva herida al alejarse de su lado el único afecto que conservaba. En lo económico consiguió cancelar sus deudas en Buenos Aires vendiendo algunas propiedades merced al espíritu comprensivo de Urquiza, pero el gobierno surgido de la revolución del 11 de setiembre le confiscó los bienes, incluso los créditos. Arrendó entonces, cerca de Southampton, una chacra de ciento cuarenta y ocho acres encargándose de dirigir el "Burguess Farm". Trabajó la tierra con ese mismo amor nacido en su Buenos Aires natal, que a la larga le había sido fatal. Permaneció durante un cuarto de siglo labrando la tierra inglesa, manejando hombres y animales y viviendo en la pobreza, de los cual se han hecho eco sus biógrafos. Soñaba con volver a la patria, pero las pasiones despertadas por su larga e intensa actuación hacían prácticamente quimérica la licencia para su retorno. Murió a los ochenta y cuatro años, acariciado por Manuelita, un 14 de marzo de 1877.
Juan Manuel de Rosas fue el instrumento histórico de un proceso político ineludible porque a las convulsiones de un organismo como el de las Provincias del Plata, hundido en la anarquía tras la apresurada euforia de la independencia, ha de suceder forzosamente el ajuste doloroso de la dictadura. Fue, también el centro de un fenómeno social de perdurable gravitación, el enfrentamiento por vez primera, de Ciudad y Campo en la génesis de sus respectivas grandezas; el hombre de la pampa, el gaucho, el indio, contra el hombre de la ciudad, de la sociedad organizada.
Al margen de sus hechos, al margen de lo que hizo, deberá quizás pesar más lo que dejó por hacer: la constitución, la organización nacional, una política social y educativa. No sofocadas las pasiones en torno a su vida y alma, no se cuenta aún con el valioso juicio histórico que superando el ofuscamiento de la contemporaneidad nos muestre la justa dimensión de este hombre de evidente honradez personal, y un amor patriótico expresado en la firme defensa del honor argentino y la integridad territorial.

Capítulo II – La Historia Oficial


Los fundadores de la historiografía nacional fueron Sarmiento, Mitre, Vicente Fidel López, opositores a Rosas que dejaron a la posteridad la imagen de Rosas como un monstruo. Transmitieron a los estudiantes de las escuelas la idea de que su régimen había sido una orgía de sangre y muerte. No está por más decir, que "la historia la escriben los que ganan".
Cabe aclarar que Rosas no era un abanderado de los derechos civiles, que reprimió con dureza a sus opositores y no se detuvo en las formas legales. Sus crímenes no tienen justificación. La única justificación real al uso indiscriminado de la muerte sobre los enemigos es la misma que para todos los regímenes políticos hasta el siglo XIX, aún en la civilizada Europa: en la Argentina no había cárceles seguras en las cuales encerrar a los presos, de modo que los criminales reincidentes debían ser ejecutados. No por dar un escarmiento público, sino como medida de seguridad, ya que los presos peligrosos se escapaban con mucha facilidad de las cárceles, construidas de barro y paja. Es por ello que era muy común, en aquella época, aplicar duros castigos a quienes eran considerados "opositores", tanto del lado federal como del lado unitario. El terror que Rosas desató era un recurso político usual en la época, y había sido utilizado antes que él por unitarios y federales, y lo usarían unitarios y federales por muchos años más.
El segundo argumento contra Rosas es que era un bárbaro, un atrasado. El argumento es falaz: Rosas era un conservador, que no consideraba sus propias tradiciones y a sus propios compatriotas como inferiores a los europeos. Sus opositores triunfaron a largo plazo, y bajo su gobierno hubo un cierto tipo de crecimiento que resultó muy exitoso; pero eso no permite descalificar el tipo de desarrollo que intentó Rosas.
Se insinuaron otros dos argumentos en su contra, pero que recién se pondrían en el centro de la cuestión más adelante: la eliminación de toda forma de disenso y la falsedad de su federalismo.
Muchos historiadores hacen hincapié en cosas tales recordar que se llamaba Rozas. En general, ninguno de ellos se detiene a recordarnos que Rivadavia se llamaba González, Lamadrid se llamaba Aráoz y Sarmiento no se llamaba Domingo. De tener esclavos (que no los tenía y sí algunos de sus opositores en Corrientes, por ejemplo), de no importar la arquitectura europea, de embellecer la ciudad con árboles autóctonos... También se lo acusó de cosas más absurdas, como de arrojar los cadáveres de sus víctimas al pozo del que se sacaba el agua para los soldados de Santos Lugares. Se llegó a escribir que durante su primer gobierno no llovió jamás, y que cuando bajó del mismo, florecieron todos los árboles de la ciudad.
El caso de Rosas es realmente extremo: hasta el día de hoy se sigue discutiendo sobre él. Tras largas décadas de uniformidad antirrosista, la aparición de la ''Historia de la Confederación Argentina'', en que Adolfo Saldías rescató lo positivo de su figura revolvió todo el ambiente historiográfico argentino. En la segunda y tercera década del siglo XX, la aparición del revisionismo histórico en Argentina rescató la figura del Restaurador, elevándolo al sitial de los mayores próceres de la historia.
En primer lugar, los revisionistas destacaron la acción de Rosas como la de un defensor de la soberanía nacional frente a las dos mayores potencias de su época. También destacaron su papel como el de un organizador de la unión nacional previa a la sanción de la Constitución.
Muchos de estos revisionistas rescataron la figura de Rosas para defender la idea de un gobierno fuerte, autoritario, para su propia época. Desde mediados del siglo XX apareció una nueva camada de historiadores que atacaron el sistema de Rosas por haber eliminado toda forma de disenso, por antidemocrático. Y también haber hecho de su gobierno un sistema centrado en el culto a su persona, lo cual no es totalmente justo, ya que mucho de esto se debió a la corte de adulones que lo rodeaba más que a él mismo.
Modernamente se ha centrado la crítica contra Rosas en su falso federalismo, es decir, su falta de respeto a los derechos de los pueblos del interior. Pero cabe aclarar que, aunque Rosas no fue federal en muchos sentidos, tampoco hubo ningún verdadero federal en Buenos Aires en todo el siglo XIX. Ni siquiera uno. Rosas fue, ante todo, un porteño; si usó el nombre de federal, fue porque heredó el partido que había usado ese nombre.
La figura de Rosas se ha visto asociada con Yrigoyen y con Perón; primero por sus opositores, y luego, orgullosamente, por sus partidarios. Los partidarios del liberalismo económico atacan a Rosas con buenas razones, mientras que rescatan su figura los partidarios de alguna manera de proteccionismo o de nacionalismo.
Hoy en día, los historiadores están tratando de llegar a un equilibrio en su análisis de la figura de Rosas, de su sistema político y de su época. Sin embargo, no cabe esperar que ese equilibrio sea alcanzado en los próximos años, ni que sea aceptado por todos.
Lo que debe quedar claro respecto de Rosas no es tanto lo que fue, sino lo que no fue: no fue lo que contaron durante un siglo y medio sus enemigos, no fue la suma de todos los males del país.
Cuando Pacho O´Donnell escribió su biografía de Juan Manuel Rosas, le puso de subtítulo a su obra “El maldito de nuestra historia oficial”, y busca en el mismo establecer una equilibrada información que demuestre mesura y no fanatismos y odios, tales como han sido los comienzos de la recolección de información para escribir nuestra historia.
Pasados ya algunos años de la Batalla de Caseros, la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, en 1857, declara “traidor a la Patria a don Juan Manuel de Rosas”.
El entonces diputado Nicolás Albarellos sostiene, tal como lo registra el Diario de Sesiones de un debate parlamentario que “no puede librarse a la Historia el fallo del tirano Rosas. ¿Qué dirá la Historia cuando se vea que la Inglaterra ha devuelto a ese tirano los cañones tomados en acción de guerra y saludado su pabellón sangriento y manchado con una salva de 21 cañonazos? La Francia que hizo causa común con los enemigos de Rosas, que inició la cruzada en la que figura el General Lavalle, a su tiempo le abandonó y trató con Rosas, y también debió saludar a su pabellón con 21 cañonazos. Yo pregunto, Señor, si estos hechos no borrarán en la Historia todo cuanto podemos decir los enemigos de Rosas, sino lo sancionamos con un acto legislativo como esta ley (…). ¿Qué se dirá en la Historia, y esto es triste decirlo, cuando se sepa que el valiente Almirante Brown, el héroe de la marina de guerra de la Independencia, fue el Almirante que defendió la tiranía de Rosas? ¿Qué el general San Martín, el vencedor de los Andes, el padre de las glorias argentinas, le hizo el homenaje más grandioso que puede hacerse a un militar entregándole su espada? ¿Se verá a este hombre, Rosas, dentro de 20 ó 50 años, tal como lo vemos nosotros a 5 años de su caída, si no nos adelantamos a votar una ley que lo castigue definitivamente con el dicterio de traidor? No señor, no podemos dejar el juicio de Rosas a la Historia, porque si no decimos nada desde ahora que era un traidor, y enseñamos en la escuela a odiarlo, Rosas no será considerado por la Historia como un tirano, quizá lo sería como el más grande y glorioso de los argentinos”.
Por extraño que parezca, este Proyecto de Ley de Declaración, fue aprobado y nunca se lo derogó.
Para cerrar este capítulo vamos a incluir la parte pertinente del testamento del General Don José de San Martín en forma textual:
París, 23 de enero de 1844
En el nombre de Dios todo Poderoso a quien conozco como Hacedor del Universo: Digo yo José de San Martín, Generalísimo de la República del Perú, y Fundador de su libertad, Capitán General de la de Chile, y Brigadier General de la confederación Argentina, qe. visto el mal estado de mi salud, declaro por el presente Testamento lo siguiente:
 3º - El Sable que me a acompañado en toda la Guerra de la Independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de satisfacción, qe. como Argentino he tenido al ver la firmeza con qe. ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los Extranjeros qe. tratan de Umillarla.
Hecho en París a Veynte y tres de Enero del año de mil ochocientos quarenta y quatro, y escrito todo el de mi puño y letra. 
José de San Martín

Aclaración: Los errores de gramática se deben a que fue copiado del original en los modos de la época.



Capítulo III - La Av. Brigadier Juan Manuel de Rosas 


En un informe del Periódico el barrio de noviembre 2007 en la nota denominada “Esquina de la Memoria: Urquiza y Rosas, un enfrentamiento que continúa”, resalta que varios proyectos pretendieron, sin éxito, cambiar el nombre de la calle Monroe por el de “Brig. Gral. Juan Manuel de Rosas”. En la actualidad el diputado porteño Miguel Talento presentó una iniciativa en la Legislatura de la Ciudad para designar con el nombre del polémico caudillo bonaerense a la futura estación de subte de Villa Urquiza.
Finalizando el año 2007, el legislador kirchnerista Talento presentó un proyecto de ley que propicia designar con el nombre de “Juan Manuel de Rosas - Villa Urquiza” a la futura estación del subterráneo de la Línea “B”, que estará en la intersección de las avenidas Triunvirato y Monroe. Destaca el diputado que es necesario “reparar la perseguida omisión histórica” y que el proyecto que presenta no contempla un cambio de nomenclatura sino agregar un nombre histórico a la futura estación cabecera de Villa Urquiza. “El nombre de un hombre que, más allá de sus controversias, es indudablemente parte de nuestra rica historia nacional”, describe Talento.
En rigor, en 1974 -por Ordenanza 29.905- se le impuso el nombre de “Brig. Gral. Juan Manuel de Rosas” a la calle Monroe, denominación que llevó hasta 1976, cuando el Decreto-Ordenanza 1665/76 le restituyó el nombre de “Monroe”. La medida adoptada obedeció al reclamo de los vecinos de los barrios que atraviesa Monroe, que en ningún momento aceptaron el cambio de denominación. A tal punto que en muchas esquinas pegaron papeles con el nombre de “Monroe” sobre las nuevas chapas. En realidad, la denominación de “Brig. Gral. Juan Manuel de Rosas” que se le asignó a la calle Monroe en 1974 no estaba fuera de contexto, ya que Rosas tuvo decisiva influencia en la trayectoria histórica argentina.
La calle Monroe nace en la Av. Presidente Figueroa Alcorta, con el número catastral 701, y finaliza en Avenida de los Constituyentes con la numeración 5899. En un principio era un camino de tierra (entonces llevaba el nombre de Saavedra). Policarpo Mom, presidente de la Municipalidad de Belgrano, dispuso su ensanche. Atraviesa los barrios de Núñez, Belgrano, Coghlan y Villa Urquiza. El historiador Diego Del Pino comenta que en el cruce de Monroe con Triunvirato “había un acogedor almacén (casi pulpería) y se podía tender la vista largo rato, ya que hasta el actual Hospital Pirovano era todo campo. En el trayecto de la antigua Monroe se encontraba la quinta de Roland, con alfalfares, un real descampado a la vera de un camino que se hallaba cercano a otro parecido que es la actual Alvarez Thomas. Cuando se realizó el loteo de tierras dentro del trazado del nuevo pueblo fundado por Francisco Seeber, a la vera de Monroe el fraccionamiento se hizo en parcelas. Era el paso obligado desde Villa Catalinas hasta Belgrano, si el tiempo lo permitía. La Ordenanza del 27 de noviembre de 1893 le asignó a ese camino su actual denominación, que recuerda al Presidente de los Estados Unidos James Monroe, nacido en el estado de Virginia el 28 de abril de 1758.
Elegido diputado del parlamento de Virginia en 1782, un año después representó a este estado en el Congreso. Cinco años más tarde fue elegido senador y fue opositor de George Washington y de los federalistas. En 1794 representó a los Estados Unidos en París, Francia. Regresó a su país natal en 1797 y dos años después el presidente Thomas Jefferson lo designó gobernador del estado de Virginia. Desempeñó cargos diplomáticos en España e Inglaterra. Fue nuevamente gobernador de Virginia en 1811 y Secretario de Estado (1811-1817). El 4 de marzo de 1817 se hizo cargo de la Presidencia de los Estados Unidos y en 1821 fue reelegido para otro período de cuatro años. Su gobierno se distinguió por la compra a España de La Florida en 1819, el reconocimiento de la independencia de varios países hispanoamericanos y la declaración, en el mensaje que envió al Congreso, de la Doctrina que lleva su nombre, donde establecía que los Estados Unidos no admitirían interferencia alguna de las potencias europeas en América (“América para los americanos”). Reprimió, además, la trata de negros. Cuando finalizó su mandato fue sustituido por Quincy Adams. Falleció en Nueva York el 4 de julio de 1831.
En 2002 la legisladora porteña Marta Talotti presentó un proyecto por el que se denominaba “Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas” al Parque “Carlos Thays”. En el mismo año, el diputado porteño Mario “Pacho” O’Donnell presentó un proyecto por el cual se designaba con el nombre de “Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas” a la actual calle Monroe. Las iniciativas no prosperaron.
En 2005 el legislador del Frente para la Victoria Claudio Ferreño impulsó el nombre de “Brig. Gral. Juan Manuel de Rosas” para la calle Monroe, considerando que era “una injusticia que Rosas no tenga una calle que lo recuerde en la ciudad donde nació y vivió, simplemente porque la dictadura sacó su nombre. Sin entrar en el debate sobre si fue bueno o malo, ni compararlo con otros próceres, no podemos obviar que gobernó y dirigió los destinos del país durante 20 años”, razonaba Ferreño. El argumento respondía a la realidad histórica, pero la “historia oficial” que todos aprendimos determinaba que Rosas fue un dictador, un tirano sangriento que jalonó su gobierno de casi veinte años con fusilamientos, asesinatos y otros delitos de lesa humanidad.
A mediados del siglo XX, una corriente revisionista impulsada por el historiador José María Rosa y el Instituto de Investigaciones Históricas “Juan Manuel de Rosas” promovió la búsqueda de lo realmente acontecido en la historia nacional, logrando sacar a la luz numerosos documentos que rebatían los argumentos conocidos. Así, aparecieron libros de historia revisada que con el correr de los años fueron aumentando su difusión. Esta situación, en alguna forma y con los cambios generacionales propios, fue modificando en buena parte los conceptos reinantes sobre el “tirano” Rosas.
En junio de 1995 la Ley 24.520 dispuso la construcción de un monumento en homenaje a Rosas y la Secretaría de Cultura de la Nación, por concurso, designó al escultor Ricardo Dalla Lasta, profesor de escultura en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de La Plata. La obra, inaugurada el 8 de noviembre de 1999, es una estatua ecuestre que se encuentra emplazada en la Av. del Libertador y Sarmiento, Palermo, a 150 metros del Monumento de los Españoles.
En la actualidad no hay calle en Buenos Aires que lleve el nombre de Rosas.

PROYECTOS PORTEÑOS

La Legislatura porteña con el objeto de rendir un justo homenaje al Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas quien fuera Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, con la Ciudad de Buenos Aires como capital provincial, un proyecto de ley del diputado Francisco Talento (Frente para la Victoria) con despacho de la Comisión de Cultura, propone denominar Estación “Juan Manuel de Rosas” a la futura estación de subterráneos de la Línea B, sita en la intersección de las avenidas Triunvirato y Monroe, del Barrio de Villa Urquiza.
En los fundamentos se expresa que "el proyecto está elaborado sobre la base de recuperar y honrar una ordenanza del Honorable Concejo Deliberante, la número 29.905 de! octubre de 1974, derogada por el gobierno de facto mediante el decreto-ordenanza número 1665 de abril de 1976, por el cual se denominó "Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas" a la actual calle Monroe. Con esta misma intención, se presentaron diversos proyectos tendientes a recuperar el nombre del "Restaurador de las Leyes" para la nomenclatura urbana y lo cierto es que cada uno de ellos encendió un profundo, y en ciertas veces rico debate, aunque el nombre de Juan Manuel Rosas es aún una cuenta pendiente."
Los proyectos presentados hasta el momento en la sede legislativa de la Ciudad de Buenos Aires son:
Expediente  0622-d-03 del 11 de abril de  2003 cuyo título es “Convocase a un debate en escuelas de la ciudad sobre el proceso histórico fundacional del país, para elaborar un listado de calles en donde se pueda emplazar el nombre de Juan Manuel De Rosas, presentado por la legisladora Maria Lucila Colombo. 
Expediente 2588-d-04 del 15 de octubre de 2004, título “Restituyese el nombre de "Brigadier General Don Juan Manuel De Rosas" a la actual av. Monroe”, presentado por los diputados porteños Claudio Américo Ferreño,  Helio Dante Rebot, Silvia La Ruffa, Alicia Marta Bello, Jorge Daniel Mercado y Álvaro Gustavo González.
Expediente 1848-d-05 del 14 de julio de 2005, cuyo título es “Derogase el Decreto Ordenanza 1665/78.- Restituyese el nombre de Brigadier Juan Manuel De Rosas a la actual calle Monroe, del diputado porteño Claudio Américo Ferreño.
Ninguno de los proyectos prosperó. 



Capítulo IV – La Noticia por LA NACION

El diario LA NACION  del martes 25 de octubre de 2005 informó de la noticia con el título “quieren que la Avenida Monroe se llame Juan Manuel de Rosas”, hay que aclarar que el prestigioso matutino nacional fue fundado por Bartolomé Mitre, uno de los autores de la Historia Argentina Oficial, que no fuera objetiva con la figura del ex gobernador federal Rosas, dado el enfrentamiento que existió durante la época de la formación de la identidad nacional.  
Dijo el matutino: “Nuevamente un diputado de la ciudad quiere cambiarle el nombre a una calle para ponerle Juan Manuel de Rosas. Y, esta vez, los dardos apuntan contra James Monroe, presidente norteamericano entre 1817 y 1825, en cuyo honor fue bautizada la tradicional arteria de los barrios de Belgrano y Villa Urquiza.
Si bien la iniciativa no reviste originalidad, la novedad reside en que, en lugar de despertar una polémica como lo hicieron otras propuestas para modificar la nomenclatura urbana, este caso más bien originó el desinterés de diputados que son jefe de bloque o referentes de los bloques mayoritarios en la Legislatura porteña.
El proyecto pertenece al diputado kirchnerista Claudio Ferreño e ingresó en la Comisión de Cultura y Comunicación del cuerpo, donde aún no fue discutido.
Ferreño plantea restituir la denominación de Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas a la actual Monroe, en toda su extensión. Y, para eso, propone derogar el decreto ordenanza N° 1665/76, que dejó sin efecto el nombre anterior, precisamente, el que ahora intenta restablecer.
Es que, según confirmaron ayer a LA NACION en el Instituto Histórico de la Ciudad, quedó constatado que esta arteria se llamaba Saavedra en 1855. Luego, en 1893, una ordenanza le otorgó la denominación de Monroe, que estuvo vigente durante 80 años.
Hasta que, en 1974, por la ordenanza 29.905, adquirió el nombre de Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas. Dos años después, la Junta Militar la volvió a bautizar con el apellido del presidente norteamericano, mediante el decreto ordenanza 1665/76.
Casi 30 años después, Ferreño impulsa un nuevo cambio de nomenclatura. "Con una ley democrática pretendo revertir este acto injusto de la última dictadura militar, que borró de un plumazo la decisión tomada por el gobierno nacional y popular del doctor Héctor Cámpora", explicó Ferreño a LA NACION.
Y consideró: "Es una injusticia que Rosas no tenga una calle que lo recuerde en la ciudad donde nació y vivió, simplemente porque la dictadura sacó su nombre. Sin entrar en el debate sobre si fue bueno o malo, ni compararlo con otros próceres, no podemos obviar que gobernó y dirigió los destinos del país durante 20 años".
LA NACION quiso sondear si el proyecto prosperaría en caso de que un despacho de comisión llegara al recinto. Referentes de los principales partidos de la Legislatura también opinaron que Rosas debe tener una calle con su nombre en la Capital, pero sostuvieron que el cuerpo "tiene cuestiones más urgentes por tratar como para perder tiempo en cambios nomenclaturales".
"Tenemos otras prioridades. Hay que evitar el debate político por cuestiones menores. Podemos llamar Rosas a una calle aún sin nombre y permitir que Monroe siga así. El nombre está muy instalado", dijo Gabriela Michetti, presidenta del bloque macrista Compromiso para el Cambio.
"No es nuestra prioridad discutir este tema, ni creo que sea prioritario para los vecinos. Estamos discutiendo otros temas trascendentales", respondió Diego Santilli, jefe del bloque aliado al macrismo Juntos por Buenos Aires.
Y un diputado con peso en el kirchnerismo dijo que "le parecía poco oportuno" dedicarse a la cuestión y consideró que la iniciativa puede no prosperar porque, en 2003, una ley ordenó llamar Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas a la futura autopista ribereña.
El entonces presidente de la Comisión de Cultura, el socialista Norberto La Porta, coincidió: "Insistir en estos temas sólo sirve para dividir más a la sociedad, en un momento tan particular".
Por otro lado, el matutino hizo una fuerte defensa de Monroe: “Dijo el presidente norteamericano Thomas Jefferson: "Monroe es tan honesto que si se pudiera inspeccionar su alma no se podría detectar ninguna mácula sobre ella". Hablaba de James Monroe, también presidente de los Estados Unidos -entre 1817 y 1825- y autor de una doctrina que sobrevivió a su tiempo, a su siglo y al siglo siguiente, también.
Se trata de aquella que se haría conocida por el concepto "América para los americanos"; la doctrina, promulgada en 1823, fue la respuesta aislacionista a la restauración monárquica en Europa y una eventual reconquista de América latina. Sostenía Monroe que las naciones del Nuevo Mundo no serían consideradas sujetas a futura colonización por ninguna potencia europea. Monroe había nacido en Westmoreland, Virginia, en 1758. Fue, desde joven, hombre de fuertes ideas nacionalistas, ambicioso y enérgico: fue soldado, abogado, senador y embajador en Francia. Cuando llegó a la presidencia, en 1817, armó un poderoso gabinete, con el sureño John Calhoun como secretario de Guerra y el norteño John Quincy Adams -uno de sus más cercanos consejeros, que lo sucedería- como secretario de Estado. Los detractores de Monroe sostienen que con su política nacionalista había profundas grietas secesionistas. Pero no es por su política interna por lo que se lo evoca, sino por la doctrina que, muchos años después de su muerte, en 1931, fue bautizada con su apellido”.
Con respecto a Rosas, sostuvo: “Sobre Juan Manuel de Rosas han caído todos los insultos imaginables y las loas más desmedidas. Lo suyo eran el mando y la obediencia, el principio del poder. Lo propio del estanciero argentino de la época: destreza criolla, lujosos vestidos gauchos, largas jornadas de pampa interminable y solitaria le permitían al patrón ser jefe porque en lo propio de los paisanos él era igual o mejor que ellos. La otra característica del estanciero que él encarnaba era el sentido de propiedad de extensiones enormes. Cuando Rosas inspeccionó Buenos Aires hasta el Tuyú y Azul, custodiando al agrimensor junto al coronel Juan Lavalle, lo hizo con ojos de dueño, y de hecho esas tierras fueron a manos de parientes y amigos. El poder nacional lo ejerció con el mismo espíritu, aunque entendía que las otras provincias eran estancias ajenas. Con su realismo formidable, Rosas, o "El Restaurador", logró unificar la Nación bajo un mando común, lo que permitió de hecho la organización nacional, que sólo pudo llevarse a cabo tras su derrocamiento. Desde entonces, pocos intentaron una política de conciliación: Urquiza y Mitre generaron la unión nacional, pero fueron odiados por los viejos federales; Mitre y Roca impulsaron el extraordinario progreso de fines del siglo XIX, pero hicieron que del federalismo surgiera el radicalismo revolucionario; así sería durante prácticamente el resto de la historia argentina, hasta hoy.” Dijo LA NACION. 


Capítulo V – La calle Rosas llegó al Congreso

La cuestión de llamar a una calle porteña Juan Manuel de Rosas no fue ajena al debate nacional. El mismo llegó a la Cámara de Diputados de la Nación a través de un Proyecto De Declaración impulsado por la ex diputada nacional, Elda Susana Agüero –Frente para la Victoria Provincia de Buenos Aires- quien expuso en el texto que “la Honorable Cámara de Diputados de la Nación vería con agrado que en la actual Av. James Monroe, de la Capital Federal, se volviera a utilizar la nomenclatura Brigadier General Don Juan Manuel Rosas”.
El texto del proyecto fue presentado durante tres años consecutivos, impulsando diversos debates en la Comisión de Asuntos Municipales, donde sólo logró, en el último intento, la aprobación por dicha comisión, nunca llegó a ser tratado en la Cámara.
Los diversos textos fueron los siguientes:
Expediente: 6345-D-2005 de fecha 15 de noviembre de 2005. Título: Solicitar al Poder Ejecutivo el Cambio de denominación de la avenida James Monroe de Capital Federal por el De Brigadier General Don Juan Manuel De Rosas.
Expediente: 7025-D-2005 de Fecha 23 de febrero de 2006. Título: Solicitar al Poder Ejecutivo Nacional la redesignación con el nombre de Brigadier General Don Juan Manuel De Rosas, a la avenida James Monroe de la Ciudad Autónoma De Buenos Aires.
Expediente: 0186-D-2006 de fecha 02 de marzo de 2006. Título: Solicitar al Poder Ejecutivo Nacional la redesignación de la avenida James Monroe con el nombre de Brigadier General Don Juan Manuel De Rosas.
Finalmente, e impreso el día 14 de septiembre de 2006 bajo el término del artículo 113 y con el título: Denominación. Nombre del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas a alguna importante arteria de la Ciudad Autónoma de Buenos, la comisión aprobó el proyecto. (ver apéndice Orden del Día 929), cabe señalar que el 30 de agosto de 2006, la comisión compuesta por los diputados Eduardo L. Accastello, María N. Doga, Susana E. Díaz, Hugo O. Cuevas, Josefina Abdala, Julio E. Arriaga, Alfredo N. Atanasof, Guillermo F. Baigorri, Hermes J. Binner, DeliaB. Bisutti, Juliana Di Tullio, Eduardo L. Galantini, María T. García, José R. Mongeló, Eduardo A. Pastoriza, Claudio J. Poggi, Juan C. Sluga y Mariano F. West. Es de destacar que entre los diputados nombrados hay representantes de diversas provincias, algunas enfrentadas con Buenos Aires durante la época de consolidación de la entidad nacional.

FUNDAMENTOS

Los fundamentos al proyecto de declaración de la ex diputada Agüero fueron los siguientes:
Señor presidente:
Considero que la vuelta a la nomenclatura Brigadier General Don Juan Manuel Rosas, por la actual Avenida Monroe en la Capital Federal, es contribuir con el fortalecimiento de la conciencia de identidad nacional.
Entre los fundamentos existentes están que fue ésta ciudad la que vio nacer, crecer y gobernar a Juan Manuel de Rosas. Que desde aquí ejerció el mando de la Provincia de Buenos Aires, y de la Relaciones Internacionales de la Confederación Argentina durante más de 20 años.
La calle actualmente es conocida como James Monroe, bautizada en honor a un presidente norteamericano, pero es para destacar que en Estados Unidos no hay ninguna calle llamada Juan Domingo Perón, Hipólito Irigoyen, Julio Argentino Roca u otro ex presidente argentino.
También que la lucha entre Federales y Unitarios terminó hace más de un siglo y medio, por lo que el General Perón honró a Rosas en más de una oportunidad durante sus gobiernos. Que durante el primer mandado del ex presidente Carlos Menem se lo conmemoró agregándolo en los billetes de veinte pesos, rescatando la Vuelta de Obligado.
Que la nomenclatura Brigadier General Don Juan Manuel Rosas fue instituida en 1974 por la ordenanza 29.905. Pero este nombre sólo duró dos años, dado que fue quitado por un intendente de facto.
Quiero rescatar que un legislador porteño sostuvo que "es una injusticia que Rosas no tenga una calle que lo recuerde en la ciudad donde nació y vivió, simplemente porque la dictadura sacó su nombre. Sin entrar en el debate sobre si fue bueno o malo, ni compararlo con otros próceres, no podemos obviar que gobernó y dirigió los destinos del país durante 20 años". Opino lo mismo.

DISIDENCIA Y REGRESO A LAS  ANTINOMIAS

Por su parte el ex diputado Nacional Jorge Vanossi (PRO de la Ciudad de Buenos Aires), presentó una observación formulada al dictamen de mayoría, la que parece más una nota redactada en la época de la de legislatura bonaerense de 1857 que de 2006, tal como puede leerse en el Capítulo I de este informe.
La nota que concluyó en el Suplemento al Orden del Día Nº 929, estuvo dirigida al presidente del cuerpo deliberativo, quien era el diputado Alberto Balestrini. A continuación se reproduce textual para que el lector no sea influenciado y pueda sacar sus propias conclusiones, también para que se observe el grado de molestia, enojo o encono que le produjo al presentante del pueblo –diputado Vanossi- de aquel entonces.
“De mi mayor consideración:
Tengo el agrado de dirigirme a usted a efectos de formular observaciones al Orden del Día Nº 929/06 que contiene el dictamen de la Comisión de Asuntos Municipales referente al expediente 186-D-06 de la autoría del señor diputado Agüero *.
Una nueva ronda de proyectos ha sido propuesta en la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en la Cámara de Diputados de la Nación, promoviendo el primero y apoyando el segundo, la designación con el nombre Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas a alguna arteria de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
General Don Juan Manuel de Rosas es una figura del pasado, controvertida por actos que la historia ha establecido definitivamente más allá de cualquier duda razonable. No es este el momento de hacer referencias al sinnúmero de opiniones adversas a su gobierno ** (es muy ilustrativo del pensamiento reaccionario de Rosas el libro de Arturo Sampay Las ideas políticas de Juan Manuel de Rosas, Juárez Editor 1972, Buenos Aires), tan sólo diremos qué, aun siendo benévolos con su figura, debemos calificarlo como “tirano”, aunque más no sea porque él se procalmó de tal manera en 1842. Aceptando, además, que en la acepción griega, el término no es necesariamente peyorativo sobra la persona así calificada. Los antiguos griegos llamaban tyrannos a quien, en uso de su poder, creía no necesitar de la consulta democrática periódica para ejercerlo. Era una suerte de amo o señor de los que el poder emanaba verticalmente. El tyrannos era un hombre providencial, cuyas decisiones eran correctas por definición. Sus puntos de vista no eran discutibles porque la mayoría aceptaba ciegamente su voluntad preclara e infalible. Pero la expresión “tirano” como el régimen que encabeza el tirano, es decir “la tiranía” han perdido su significado primitivo, relativamente aséptico, por el cual que denota el poder infamante del que impone por la fuerza sus opiniones, acallando a aquellas a aquellas otras que se le oponen. Tal vez esta evolución negativa del término se deba a que, en toda la historia, ninguna tiranía, ilustrada o no, pudo superar lo que la democracia puede logar, en igualdad de condiciones, respetando el pensamiento e integridad de todos. Don Juan Manuel de Rosas fue un tirano en el sentido clásico de la expresión y como tal hizo uso omnímodo del poder, prefiriendo el plebiscito antes que la representación emanada del libre juego de los partidos políticos, pero además abusó del mismo persiguiendo cruelmente a sus opositores. Haciendo uso de la Sociedad Popular Restauradora, mejor conocida como “La Mazorca” asesinó a quienes osaran tener pensamientos diferentes al suyo. Y ni siquiera era necesario un pensamiento, bastaba una palabra, una duda, un silencio. “El que no está conmigo está contra mí” solía decir llenando de espanto a aquellos que honradamente no podían fingir sumisión a su figura.
Tal vez alguien quisiera justificar este proceder aduciendo que, en una etapa de desorden generalizado no había otro recurso, pero no es así. Sabemos que se opuso férreamente a cualquier intento de organización nacional (recuérdese la carta de “La Hacienda de Figueroa” en polémica entre el “Restaurador de las leyes” y el general Juan Facundo Quiroga), usufructuando políticamente de esa situación. Pero no sólo no quiso escuchar el clamor de promulgar una Constitución, sino además envileció y destituyó las instituciones preexistentes, aboliendo la independencia del Poder Judicial, asumiendo personalmente sus facultades, y debilitando hasta la anemia el sistema educativo en todos sus niveles. En definitiva durante su reinado *** persiguió la libertad de pensamiento sólo en beneficio de un régimen tenazmente establecido del que él era “amo y señor”. Es decir: tirano.
¿Debe la Ciudad de Buenos Aires homenajearlo imponiendo su nombre a una de sus calles, a alguien que despreció y conculcó permanentemente los principios constitutivos de la República, que llamó a la Carta Magna “el cuadernito”, que les quitó sus emolumentos a los profesores de la Universidad de Buenos Aires? Alguien que, al decir de Borges (poema “Rosas” en Fervor de Buenos Aires, 1923) es:
…famosamente infame / su nombre fue desolación en las casas, / idolátrico amor en el gauchaje / y horror del tajo en la garganta…
¿Debe la Ciudad de Buenos Aires rendir culto a alguien que en vida obligó a sus conciudadanos exhibir su retrato en la intimidad de sus hogares so pena de ser brutalmente castigado?
Todo aquello que don Juan Manuel de Rosas pudo haber hecho mucho bien, lo hubiera hecho mejor en el seno de una democracia constitucional, con división de poderes y respecto a los derechos políticos de sus ciudadanos. Un siglo y medio de historia mundial ratifican este aserto hasta el cansancio. Pero él prefirió otra cosa.
Es oportuno recordar ahora a Montesquieu;
“No existe tiranía peor que la ejercida a la sombra de las leyes y con apariencias de justicia”.
El mensaje tanático de Rosas quedó fielmente grabado en el grito estentóreo a modo de amenaza: “Viva la Santa Federación, mueran los salvajes unitarios”. Fiel anticipo de la antinomia excluyente entre “amigo” vs. “enemigo” que debe entonces caracterizó a los modelos totalitarios (vg. Carl Sclimitt). Sólo queda agregar, como el príncipe de Dinamarca: “El resto es silencio”.
Jorge R. Vanossi”



Opinión y observación de los redactores
(*) Cabe señalar que no se trataba de un señor diputado, sino de una señora diputada, Elda Susana Agüero, por lo que deducimos que Vanossi no tenía conocimiento de sus colegas en dicha comisión.
(**) Juan Manuel de Rosas no tuvo un gobierno sino dos: el primer gobierno se extendió desde 1829 hasta 1832; y gobernó por segunda vez la provincia de Bs. As. entre los años 1835 y 1852.
(***) Al llamar “reinado” los gobiernos de Rosas, el ex legislador desconoce que fue la Legislatura quien le dio tales facultades y lo nombró gobernador, no rey.

LA RESPUESTA QUE NO LLEGO

A esta fuerte misiva de Vanossi, retomando las viejas antinomias antes que acompañar a los demás diputados de diversas provincias –fue el único que se opuso- el equipo de la ex diputada Agüero preparó una respuesta, la que finalmente no fue publicada ni entregada, pero si se conserva el original con fecha del 9 de febrero de 2007 y que reproducimos a continuación íntegramente:

Sr. Diputado Nacional
Dr. Jorge R. Vanossi
De mi mayor consideración:
Por la presente, me dirijo a Ud. a fin de responder la misiva que enviara al Sr. Presidente de ésta H. Cámara, Dn Alberto Balbestrini, en referencia al Proyecto de Declaración de mi autoría, 186-D-06 (OD Nº 929 y Supl.).
En el mismo Ud. hace apreciaciones sobre el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas, las que a mi ver, están reflejando sólo una parte de la historia, la parte, porque no, que derrocó en Caseros en 1852 al prócer mencionado.
Si bien no hay ninguna Ley ni reglamentación que lo especifique, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en su carácter de Capital Federal de la República Argentina, y habiendo sido la cabecera del Virreinato del Río de la Plata, de la Provincias Unidas del Sur y la Confederación Argentina; ha dado por nombres de sus calles a los máximos mandatarios que tuvo este país desde mucho antes de su independencia, es más desde que formábamos parte del Virreinato del Perú –con la excepción de los presidentes de facto-, si hasta incluso llama la atención a visitantes del extranjero (sobre todo a los de España y de los países hermanos) que ésta la única Capital de América Latina que ha nombrado a sus arterias con los nombres de lo virreyes españoles.
Habiendo hecho mención a los virreyes españoles, quiero recordarle que son reconocidos por la historia –no sólo argentina sino mundial-, como tiranos que se apropiaron de las riquezas del suelo americano, que saquearon, exterminaron y aniquilaron una raza en todo un continente, y los que sobrevivieron fueron esclavizados.
 Que las calles de la Capital Federal llevan los nombres de figuras históricas, discutidas, amadas y odiadas, y no por ello se convalidó uno de los tantos actos de la peor dictadura de nuestra historia, la de quitarle el nombre de Rosas –tal como lo designara una Ordenanza Municipal en el año 1973- a la actual avenida Monrroe, quizá crea Ud., al igual que los que usurparon el poder violando desde todos los aspectos al “cuadernito”, que James Monrroe fue quien consolidó a la Argentina como un Estado y no Rosas. Que fue un presidente de los EEUU quien hizo del proteccionismo su bandera, no permitiendo que ingleses y franceses nos trataran como colonias, impidiendo llegar a los niveles más bajos y acuerdos más desastrosos en perjuicio de nuestro país, nuestro Estado y por sobre todo de nuestro pueblo. Los mismos perjuicios a los que nos sometieron los vencedores de Caseros, y las pruebas están a la vista, se hizo todo en beneficio de las corporaciones extranjeras que actuaron en aquella época.
En su misiva Ud. hace referencia a que Rosas “no sólo no quiso escuchar el clamor de promulgar una Constitución, sino además envileció y destituyó las instituciones preexistentes, aboliendo la independencia del Poder Judicial, asumiendo personalmente sus facultades”. A este comentario suyo tengo dos reflexiones, la primera es que, un hecho histórico, que la autoridad moral que tenía por ese entonces el Poder Judicial ya estaba cuestionada, y que los autores del golpe de Estado producido en febrero de 1852 en Caseros y sus herederos se ocuparon de darle la jerarquía que tal institución merece, así es el caso de Salvador María del Carril (San Juan, 5 de agosto de 1978 – 10 de enero de 1883) quien fue un  jurista y político argentino. Ocupó el cargo de gobernador de su provincia natal e implantó una Constitución laica, inspirada en el modelo británico, que suscitó áspera oposición y causó su caída. Exiliado en Buenos Aires, asesoró al General Juan Lavalle, y la historia lo acusa, no sólo de haber sido el impulsor del fusilamiento de Manuel Dorrego, constituido como Gobernador de Buenos Aires tal como establecía la Ley en ese momento,  por orden de aquel, sino que también de aconsejarle que inventara un acta de proceso oral; según diversos libros de historia, los que Ud. debe conocer mejor que yo, del Carril escribió: “es conveniente que recoja Ud. una acta del consejo verbal que debe haber precedido a la fusilación. Un instrumento de esta clase redactado con destreza será un documento muy interesante para su vida póstuma”.
Este “prócer” fue uno de los convencionales que sancionaron la Constitución Argentina de 1853 y fue nombrado luego vicepresidente de la Nación, compartiendo fórmula con Urquiza. Disputó con Santiago Derqui la sucesión al frente del Ejecutivo nacional; tras la reincorporación de la provincia de Buenos Aires, el presidente Bartolomé Mitre lo designó ministro de la Corte Suprema de Justicia. Creo que era por ello que Rosas, treinta años antes, y a sabiendas, como buen previsor político lo que podría suceder, y sucedió, es que sostenía que las condiciones para una Constitución no estaban dadas.
Con respecto a que la “historia estableció definitivamente más allá de cualquier duda razonable” sobre la tiranía de Rosas, permítame que le cuente que en Inglaterra, la mujer que consolidó y fortaleció el Estado inglés y dejó sentada las condiciones sociales, políticas, económicas y religiosas para ser la potencia mundial que sigue siendo hasta nuestros días. Elizabeth I –última reina Tudor, hija de Enrique VIII y Ana Bolena- a ningún inglés se le ocurriría no homenajearla y acusarla de tirana, primero porque mantuvo su país independiente de cualquier otra potencia existente en el siglo XVI, segundo porque logró romper definitivamente los lazos de obediencia a España, a la que había llevado el gobierno de su hermana mayor María I (Bloody Mary según los ingleses), y tercero a su muerte dejó las bases para la formación del Reino Unido, aunque para eso mando a la muerte a su prima, la reina de Escocia María Estuardo, hecho que ningún que británico cuestionó.
Casualmente, no son pocos los historiadores que comparan el estilo de Gobierno de Elizabeth I con el de Juan Manuel de Rosas, además de la tiranía  a la que Ud. hace referencia, también coinciden con la idea de un Estado Nacional libre de todo sometimiento por parte de las potencias extranjeras; pero antes de eso la idea de un Estado, la consolidación del mismo. Le pido que recuerde cuántos estilos de Gobierno hubo desde 1810 hasta Rosas, por qué nadie podía terminar un mandato, según los reglamentos de las épocas, por recordarle algunos Primera Junta, Junta Grande, Triunvirato, Directorio, Gobernadores en representación de las Relaciones Exteriores de las Provincias, Presidente, intentos de Congresos Constituyentes que no llegaban a cumplir su función, y recuerde también cómo terminaron cada uno de los mandatarios depuestos. Muertos o exiliados. Entonces, si ese era el estilo de la época, por qué acusar a Rosas de tirano, si Urquiza y muchos de los que los precedieron también ejercieron tiranía al hacerse cargo del Gobierno Central.
Y si mal no recuerdo, ¿los integrantes del ejercito que componía y apoyaba Urquiza no eran los mismos que querían un libre comercio con Inglaterra y Francia en desmedro de nuestro pueblo? ¿No estaban apoyados por el Emperador del Brasil –en ese entonces nuestro principal enemigo en Sudamérica? ¿O debo creer que el Emperador del Brasil no nos exigió como pago parte de nuestro litoral?
Ahora si mal no recuerdo, no fue Mariquita Sánchez de Thompson –exiliada en Montevideo durante la época de Rosas, contribuyente literaria y financieramente para la causa Unitaria- quien durante la primera invasión inglesa dijo que “las tropas escocesas eran coloridas y no había que resistírseles”, dándoles la bienvenida, cuando lo que hicieron fue saquear los tesoros nacionales e intentar someter nuestro país. Ahí tiene Ud. un bello ejemplar de lo que la “tiranía” rosista no quería.
Cuando Ud. habla de tiranía de Rosas, debo decirle que la misma no se compara con la del General José Félix Uriburu al derrocar al presidente constitucional Hipólito Yrigoyen –cofundador del partido al que si mal no recuerdo Ud. perteneció-, y que según la película La República Perdida una dama descendiente de aquellos triunfadores de Caseros había dicho que “el General Uriburu es más grande que San Martín, porque expulsó a los españoles que al fin y al cabo eran gente decente, mientras que Uriburu expulsó a los radicales, que son la chusma”.
Esa chusma no es ni más ni menos que los hijos que defendió como principal tarea Juan Manuel de Rosas contra todo aquello que quisiera someterlo a intereses extranjeros, esa chusmas de 1930 es la misma chusma que fue padre del pueblo que en 1945 fue a la Plaza de Mayo a pedir la libertad del General Juan Domingo Perón y que lloró la muerte de Evita en 1952. Todos ellos tuvieron una misma misión, salvar la felicidad del pueblo y la grandeza de la Patria, y sufrieron los mismo exilios y los tildaron de tiranos.
Cuando Ud. dice que la historia condenó a Rosas, tiene razón, pero es la Historia Argentina que escribió el General Bartolomé Mitre, y que según Domingo Faustino Sarmiento la misma tiene errores y no debe tomarse al pie de la letra porque tiene imperfecciones debido al apuro de hacer héroes de bronce porque no teníamos una larga historia y estábamos abriéndonos a la inmigración de europeos que venían con siglos de héroes, mártires, tiranos y hazañas. Ud. hace mención al Facundo, y si mal no recuerdo, en el último prólogo Sarmiento hace las aclaraciones pertinentes al sostener que se escribió en tiempos de violencia y que no debe ser tomado como libro histórico al no reflejar los hechos tal como sucedieron.
Creo que habiéndole respondido la carta que Ud. le enviara al Presidente de ésta H. Cámara, sólo me queda reiterarle los motivos por los que considero que en la ciudad de Buenos Aires debe haber una importante arteria que lleve el nombre de Brigadier General Juan Manuel de Rosas, tal como lo indiqué en el proyecto de mí autoría:      
Considero que la vuelta a la nomenclatura Brigadier General Don Juan Manuel Rosas, por la actual Avenida Monroe en la Capital Federal, es contribuir con el fortalecimiento de la conciencia de identidad nacional.
Entre los fundamentos existentes están que fue ésta ciudad la que vio nacer, crecer y gobernar a Juan Manuel de Rosas. Que desde aquí ejerció el mando de la Provincia de Buenos Aires, y de las Relaciones Internacionales de la Confederación Argentina durante más de 20 años.
La calle actualmente es conocida como James Monroe, bautizada en honor a un presidente norteamericano, pero es para destacar que en Estados Unidos no hay ninguna calle llamada Juan Domingo Perón, Hipólito Irigoyen,  Julio Argentino Roca u otro ex presidente argentino.
También que la lucha entre Federales y Unitarios terminó hace más de un siglo y medio, por lo que el General Perón honró a Rosas en más de una oportunidad durante sus gobiernos. Que durante el primer mandato del ex presidente Carlos Menem se lo conmemoró agregándolo en los billetes de veinte pesos, rescatando la Vuelta de Obligado.
Que la nomenclatura Brigadier General Don Juan Manuel Rosas fue instituida en 1974 por la ordenanza 29.905. Pero este nombre sólo duró dos años, dado que fue quitado por un intendente de facto. Quiero rescatar que un legislador porteño sostuvo que “es una injusticia que Rosas no tenga una calle que lo recuerde en la ciudad donde nació y vivió, simplemente porque la dictadura sacó su nombre. Sin entrar en el debate sobre si fue bueno o malo, ni compararlo con otros próceres, no podemos obviar que gobernó y dirigió los destinos del país durante 20 años". Opino lo mismo.
Sin más que agregar lo saludo atentamente
Elda S. Agüero

De todos modos, y a pesar de los diversos proyectos y cartas, el tema nunca fue debatido en el seno de la Cámara de Diputados de la Nación.



Capítulo VI – Rosas no, Encarnación si


Paradójicamente los legisladores porteños pusieron el nombre de la esposa de Rosas, Encarnación Ezcurra a una calle del barrio de Puerto Madero. Si bien se realizó una audiencia pública, no hubo por parte de los vecinos reclamo alguno a que se denominara de éste modo a una arteria de la Capital Federal.
La Convocatoria a Audiencias Públicas se realizó el 4 de junio de 2004 en la sede de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el objeto era debatir sobre la Ley Inicial publicada en el Boletín Oficial Nº 1806 del 29 de octubre de 2003, en la que los interesados presentaran los reclamos y observaciones que consideren pertinentes con relación a imponer el nombre de "Encarnación Ezcurra" a la prolongación del eje de la calle Encarnación Ezcurra, entre las Avenidas Alicia Moreau de Justo e Ingeniero Huergo.
Sin observaciones se sanciona Ley N° 1.438 el 26 de agosto de 2004 en donde la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires estableció en su artículo 3 “Denomínase "Encarnación Ezcurra" a la prolongación del eje de la calle Encarnación Ezcurra (Ordenanza Nro. 52.180-1997), entre las avenidas Alicia Moreau de Justo e Ingeniero Huergo”.

BREVE BIOGRAFIA

Encarnación Ezcurra (Ciudad de Buenos Aires, 25 de marzo de 1795- íd., 20 de octubre de 1838) fue una mujer y política argentina, esposa de Juan Manuel de Rosas. Era hija de Juan Ignacio Ezcurra y Teodora de Arguibel y contrajo matrimonio el 16 de marzo de 1813. Desde ese momento se convertiría en la más fiel seguidora política de su marido, ayudándolo en las circunstancias más difíciles. Su rol como impulsora de la Revolución de los Restauradores y presidenta de la Sociedad Popular Restauradora, mientras su marido se encontraba sobrellevando la Conquista del Desierto, le aseguró a su marido los 17 años de control después de 1835, ya que la mencionada revolución derrocó a Juan Ramón Balcarce y la sociedad anteriormente mencionada presionó a todos los gobiernos interinos, asegurándole a Rosas el deseo público de que se hiciera efectivo su retorno al gobierno y provocó que la Junta de Representantes, la encargada de designar gobernadores, viera a su esposo como la única opción para restablecer el orden social en la provincia.
A partir de estos hechos, y del triunfo de su marido en la Conquista del Desierto se le atribuyó el título de ''Heroína de la Santa Federación''. Es particularmente notable que en aquella época, signada de prejuicios y con nula participación femenina en la política, una mujer haya logrado tan altas responsabilidades.
Su muerte fue imprevista, a la edad de 43 años. Aún hoy los historiadores discuten las causas médicas: se cree que pudo haber sido un paro cardiorrespiratorio o algo similar. Su defunción, sin embargo, estuvo cargada de un amplio duelo popular y político, a tal punto que 25.000 personas (sobre un total de 60.000 habitantes de la época) asistieron a su sepelio y a la procesión del féretro desde el Fuerte hasta el Convento de San Francisco. El cotejo fúnebre fue pagado por la Junta de Representantes, a quien Rosas agradeciera formalmente la inversión el 1º de noviembre de 1838.



Capítulo VII: Una estación de Subte 


El pasado jueves 10 abril 2008 tuvo lugar la Audiencia Pública por la denominación de la futura terminal de Triunvirato y Monroe de la Línea B de subterráneo porteño, y con hinchada, el nombre de Rosas peleó por una estación de subte. Hay que aclarar que los “rosistas” fueron mayoría. Un orador criticó el proyecto y fue tildado de "cipayo".
Los cultores del revisionismo histórico fueron locales en la Legislatura –relató el diario CLARIN-. Una audiencia pública convocada para discutir un proyecto en donde se propone llamar Juan Manuel de Rosas a una estación de subte en Villa Urquiza mezcló a veteranos profesores de historia nacionalistas y al exitoso escritor Pacho O'Donnell con el hijo del propagandista nazi Alejandro Biondini y algún ex miembro de Tacuara, la agrupación juvenil que en los años 60 se dedicó a la violencia callejera contra izquierdistas y judíos.
Entre más de 20 oradores, que se aplaudieron recíprocamente, hubo uno sólo que se animó a manifestarse en contra. Juan Pablo Martínez aclaró que no se opone a darle un reconocimiento a Rosas en algún lugar de la Ciudad, pero pidió que no se haga justamente en Villa Urquiza, porque podría interpretarse como "un acto de revancha" contra quien venció al Restaurador en la Batalla de Caseros. Su intervención fue coronada con un hondo silencio de la platea rosista, interrumpido enseguida por un grito tan folclórico como pasado de moda: "¡Cipayo!".
Rosas ya fue el nombre que adoptó la avenida Monroe en 1973, durante el gobierno peronista, pero la dictadura, en 1976, dio marcha atrás. Ahora, la propuesta es darle el nombre de Rosas -demonizado eternamente por la Argentina liberal- a una estación de la línea B aún en construcción, en Triunvirato y Monroe. “Los legisladores ya la aprobaron en primera lectura y, para que se convierta en ley, deberá ser convalidada en una nueva votación. No pareció casual que la primera fuerza legislativa, el macrismo, poco amigo del revisionismo, no estuviera representada en la audiencia”, remarcó el matutino CLARIN.
"Que Rosas esté desaparecido de la nomenclatura urbana es una omisión injusta, que sólo tiene sustento en el revanchismo y en el odio", dijo al abrir la reunión el ex diputado peronista Miguel Talento, autor del proyecto.
Pacho O'Donnell dijo que el homenaje a Rosas ni siquiera debería estar discutiéndose a esta altura, y aprovechó para pedir por otros "ausentes de la nomenclatura porteña como Estanislao López, Francisco Ramírez, Chacho Peñaloza, Felipe Varela y Juan Bautista Bustos".
A diferencia del escritor, otros oradores no se privaron de atacar directamente a los rivales del federalismo. "No hay una mísera calle o un pasaje al menos para los que hicieron grande esta patria, pero sí, en cambio, para los traidores que la vendieron al oro extranjero, como Rivadavia, Lavalle y Urquiza", arengó Roberto Petrocelli, quien se metió al público en el bolsillo con una apelación al lugar de los líderes en el corazón del pueblo: "Muchos les ponen a sus hijos Eva o Juan Manuel, pero no conozco ningún Domingo Faustino".
Por su parte el historiador Félix Luna lo consideró el político "más contradictorio, controvertido, ambiguo y difícil de definir" de la Argentina.

LEGISLATURA DIJO SI

El proyecto fue aprobado en la Legislatura porteña por 40 votos a favor, el jueves 10 de julio de 2008, por lo que en el barrio porteño de Villa Urquiza, la estación de subte B llevará el nombre de Juan Manuel de Rosas.
"Esto es un acto de justicia histórica porque en esta Ciudad de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas no tiene siquiera una miserable calle", remarcó la diputada del Frente para la Victoria Inés Urdapilleta, integrante de la Comisión de Cultura.
Según los considerandos, la ley "recupera" una ordenanza del Concejo Deliberante de 1974 por la cual se denominó "Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas" a la avenida Monroe, pero que fue derogada por la última dictadura militar, que restituyó la anterior denominación en memoria del ex presidente de Estados Unidos.
No es casual que, justamente, la iniciativa de Talento intente que la estación de subtes de la línea B -que estará lista a fines de este año- que lleve por nombre Rosas sea la que está debajo de la avenida Monroe.
Cuando la ley ingresó a la Legislatura, el historiador Mario "Pacho" O'Donnell se mostró de acuerdo con la denominación y sostuvo que era "insólito que haya una discusión sobre si una calle o una estación pueda llevar el nombre de Rosas".
En ese sentido recordó que "prácticamente todos los partidos del conurbano bonaerense tienen calles o plazas" que rinden honor a quien gobernó la provincia de Buenos Aires entre 1829 y 1832 y, luego, entre 1835 y 1852, cuando fue vencido en la batalla de Caseros por Justo José de Urquiza.
Remarcó que Rosas "significó la puesta en superficie de sectores populares, como los mulatos y los indios, mientras que la oligarquía tenía que exiliarse porque se había terminado su tiempo de predominio". 



Capítulo VIII – Opinión
Rosas, Constitución y el mundo

Por Paulo Elie (*)
En algunas cátedras de historia argentina, se enseña que nuestra constitución fue inspirada en la de los EEUU, pero hay que aclarar que no sólo fue inspirada en la recién mencionada, sino también, en los proyectos constitucionales de los años 1819 y 1824, pactos preexistentes, y la carta que Rosas le envió a Quiroga con algunos puntos de ordenamiento (claro está que Rosas sostenía que no estaban dadas las condiciones para una constitución) y Asambleas de los años 12 y 13; esto en lo que hace a lo nacional, también están las bases de Alberdi -mayoritariamente tomadas de los EEUU- y la constitución Francesa.
Otro punto de disidencia, que sostengo con dichas cátedras, es el origen de ambos países (EEUU y Argentina), uno fue colonizado y el otro "civilizado", uno fue el hijo de Inglaterra (potencia mundial desde el siglo XVI con la dinastía Tudor) y el otro hijo de una España que comenzaba su decadencia con Felipe II. Por lo tanto, en principio, si se trata de dos países de origen europeo, pero uno aggiornado y el otro atrasado. Uno ya había resuelto sus relaciones con el Vaticano, y el otro nunca lo hizo. Por lo tanto no sirve de punto de comparación.
Nuestro país, es puramente personalista, y alcanza con mirar en nuestra historia: San Martín, Rosas, Quiroga, Yrigoyen, Perón, son todos ejemplos de caudillos en el poder, y nuestro pueblo tiene los mas profundos sentimientos (odio o amor).
Tuvimos otras experiencias como el caso de Illia, pero le faltó fortaleza de carácter, y eso lo condenó, junto a medidas puramente nacionalistas, que no fueron bien vistas por las potencias.  Tenemos el caso de De la Rua, que siendo un presidente en decadencia, en un programa político, se le criticó la falta de carácter (preguntó Grondona: ¿por qué Ud. no es de esos presidentes que golpéan la mesa) en vez de cuestionarle su pésimo desgobierno.
Sostengo mi teoría, en cuanto a que los EEUU fueron colonizadores que fueron a radicarse y formar un nuevo país (una vez independiente) o a ser parte de la extensión de la naciente Gran Bretaña (últimos años de Isabel I). Mientras que nuestro territorio fue saqueado por los subditos de Felipe II y descendencia. Una vez ¿independizados? en 1816 se prosigue con la lucha para ver que clase de estado queremos. Lucha que termina con la participación de Juan Manuel de Rosas, quien define que no vamos a ser una Monarquía en ninguna de sus variantes, sino que vamos a ser una República Federal.
Pero no nos olvidemos que en la época del Virreynato, antes de ser del Río de la Plata, sino siendo del Perú, había un puerto, el de Montevideo, y que fue necesario crear el de Buenos Aires para que entrara el contrabando de Inglaterra y de Francia. Por lo tanto ¿tenemos orígenes común? creo que no.
Igualmente creo que no es válido comparar estados europeos y latinoamericanos porque carecen de una historia común. Si bien los que tienen una raíz latina o terminan proviniendo del imperio romano con la influencia católica de la edad media, tienen puntos en común, no es válido hacerlo.
Primero porque los estados latinoamericanos se destacaron por el estilo de gobernantes fuertes, que concentraron el poder en la persona y no en el equipo o las gestiones.

(*) Periodista y estudiante de Abogacía.

3/10/2006
Conclusión 

No existe en Buenos Aires, Capital Federal de la Argentina, una calle dedicada a Juan Manuel de Rosas. La manera más fácil de explicar esta omisión es que en la larga disputa que hubo, y hay, como hemos visto, entre federales y unitarios a mediados del siglo XIX, ganaron los unitarios. Así que no extraña que el odiado líder federal no tenga calle en la ciudad. Lo que me extraña es que Rosas es lo suficientemente importante como prócer para que su retrato aparezca en un billete, pero no lo es como para que su nombre aparezca en una calle.
Se cuenta que fue sanguinario y represor. Creo que eso no hay manera de ponerlo en duda. Pero también lo fueron los unitarios cuando ostentaron el poder en la década de 1820, con Lavalle (que sí tiene calle) a la cabeza.  Existe la leyenda de que la Casa Rosada es de ese color como símbolo de la reconciliación nacional tras la caída de Rosas: una mezcla del rojo federal y el blanco unitario. Sería más creíble si el color de los unitarios no hubiera sido el celeste, en lugar del blanco. Los colores de la bandera argentina a su vez, también se acercan más a los unitarios que a los federales.
En parte, la mala reputación de Rosas se debe a que la historia oficial fue escrita por sus enemigos, Sarmiento y Mitre. En el siglo XX hubo otros historiadores que intentaron rescatar su figura y lo lograron a medias. No es fácil defender a un líder sanguinario, aunque sus opositores también lo fueran. Ya se sabe que la historia la cuentan los vencedores.
El gobernador Rosas era un hombre disciplinado y que exigía disciplina. Con disciplina y autodisciplina había logrado hacerse rico y administrar un sistema complejo de estancias y saladeros, y así era como había logrado organizar a sus Colorados del Monte. Y aplicó ese sistema a su vida y su administración.
Por la mañana concedía audiencias, en las que administraba justicia y tomaba decisiones rápidas, casi como un señor feudal. Por la tarde se dedicaba a contestar la correspondencia y revisar las cuentas públicas, tarea que lo obligaba a concentrar su atención en cada papel producido por la administración pública, aún en los que trataban de minucias. Eso le exigía un esfuerzo enorme, que pagaría más tarde en forma de lentitud en las decisiones claves (como cuando se le viniera encima la batalla de Caseros).
Su relación con Encarnación fue muy estrecha: ella era una consejera política para él; cuando murió, en 1838, ordenó hacerle funerales dignos de un jefe de estado. Su hijo Juan se dedicó a administrar las estancias de su padre y casi no tuvo relaciones con éste. Su hija Manuelita heredó la posición pública de su madre, pero no era una consejera, sino sólo la cara amable, humana de la mansión de Rosas. A partir de 1840, Rosas tomó como amante a una joven criada, Eugenia Castro, pero esa noticia no se hizo pública hasta después de su caída. Con ella tuvo ocho hijos, con los que compartió su escasa vida familiar en Palermo. Después de su caída quedaron en la pobreza.
La quinta de Palermo era un gran terreno deshabitado, bajo y pantanoso que ocupaba la costa del río de la Plata en una zona que no tenía barrancas. Rosas la convirtió en un hermoso paseo lleno de naranjos y sauces, donde se hizo construir gran edificio pero de estilo híbrido entre criollo e italiano. Allí se mudó definitivamente en 1840 y allí atendía sus obligaciones públicas en primavera y verano. Sarmiento la haría demoler para hacer allí un parque público.
Rosas no tenía esclavos, a pesar de todo lo que escribieron sus opositores. De hecho, era uno de los pocos ricos de Buenos Aires que no tenía esclavos. Lo que sí tenía era bufones, unos locos deformes que usaba para divertirse y humillar a sus adversarios. Uno de ellos llevó el curioso nombre de ''Eusebio de la Santa Federación''.

Bibliografía
- Biografía de Juan Manuel de Rosas.  Edu.Car – Portal Educativo dependiente del Ministerio de Educación de la Nación - 1984

- Periódico EL BARRIO año8 - Nº 104  de  noviembre 2007


- Diario LA NACION, Martes 25 de octubre de 2005


- Diario CLARIN, Jueves 10 de abril 2008


- Portal informativo MinutoUno.com, edición del jueves 10 de julio de 2008


- Pacho O`Donnell “Juan Manuel de Rosas – El maldito de nuestra historia oficial” 2º Edición  - Editorial Planeta - 2001


- María Sáenz Quezada “Mujeres de Rosas” 1º Edición Editorial Emece - 1991



- Bibliografías: Wikipedia.org “la enciclopedia libre”